Ensayo sobre la película Los miserables (1978) basada en la novela de Víctor Hugo.

No son miserables quienes viven en la miseria, sino aquellos que la provocan.

Laura Garriga

La película Los miserables narra la vida de Jean Valjean en Francia en el marco de la revolución. A través de este personaje se descubre la historia de un país con un modelo monárquico absolutista donde las desigualdades eran extremas y fueron el caldo de cultivo de la revolución francesa.

La pobreza de la mayoría de la población era aún más injusta al compararse con la opulencia de unos pocos, evidenciando una desigualdad terrible. Desde la primera escena, la película muestra esa desigualdad y pobreza a la que estaban condenadas las personas de un estrato social humilde, con Valjean como ejemplo cuando roba pan para que su familia pueda comer. Aquí está el primer conflicto de la historia: ¿cuál derecho debe ser prioritario cubrir para el Estado, el derecho a una vida digna o el derecho a la propiedad del dueño del pan?

La ley se aplica sobre el protagonista de la película sin ningún tipo de proporcionalidad, por lo tanto, injustamente. Es un claro ejemplo de deshumanización de las leyes planteadas para ser correctivas y no preventivas de delitos. La pobreza empuja a delitos de subsistencia y la desigualdad a la violencia.

Mientras Valjean está en prisión aparece el personaje de Javert, inspector, quien representa durante toda la película un instrumento para el cumplimiento exhaustivo de las leyes sin atenuante alguno.

Cuando Valjean logra escapar de la cárcel el panorama no ha cambiado, no tiene opciones para vivir dignamente, quien recibe el tratamiento de un animal así mismo se comportará. De esta forma la película plantea otra realidad de Francia en aquella época: la libertad no significa nada sin dignidad ni igualdad.  En esta parte es fácil encontrar las ideas de Jean Jacques Rousseau cuando dijo “el hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado” (Rousseau, 1968).

Es inevitable ver en el instinto de autoprotección de Jean Valjean que lo induce a delinquir y su posterior reinserción en la sociedad cuando es ayudado por el obispo Myriel, esa necesidad de un “contrato social” del que hablaba Rousseau. Garantizar derechos para exigir deberes, delegar libertades para obtener derechos. Myriel lo ayuda y le da lo esencial para vivir con la intención de que Valjean se reinserte en la sociedad, y así sucede.

A partir de aquí la historia pasa del sufrimiento a la reinvención del protagonista quien logra paz y prosperidad en un nuevo pueblo donde es alcalde y empresario bajo una nueva identidad. Allí casi no hay delincuencia porque la gente tiene trabajos dignos gracias a la fábrica de Valjean. Es simplemente una fase de la película donde lo importante es reconocer una forma distinta de gobierno donde el gobernante no se sirve de los gobernados, sino que les sirve a ellos, un adelanto de lo que exigirá más adelante el pueblo francés: ser soberano.

Ante la incesante persecución de Javert, Valjean descubre su identidad para que no se cometa una injusticia con un hombre al que habían confundido con él. Luego emprende su huida, no sin antes cumplir su palabra de cuidar a la hija de una mujer que muere tras vivir situaciones lamentables producto de la pobreza y la falta de oportunidades.

Una y otra vez Valjean logra escapar e integrarse en una nueva ciudad, en esta ocasión París, escenario protagonista de la naciente revolución. Aquí el enemigo está claramente identificado, ya no es Javert ni su frío y escrupuloso cumplimiento de unas leyes desproporcionadas, sino la monarquía como representante de la desigualdad extrema que vivían los franceses en esa época.

La desigualdad impide la libertad, la esclavitud del momento era la pobreza y la inmovilidad social un castigo severo. Estas circunstancias generan odio y violencia, pero también consciencia de que ese sistema injusto y corruptivo era insostenible durante mucho tiempo. “Abajo la monarquía, arriba la república”, consigna que se repite varias veces en el final de la película, es solo una frase premonitoria de lo que logrará la revolución francesa.

El pueblo francés, maltratado por las desigualdades y la pobreza, despojado de los derechos naturales de igualdad, dignidad y libertad, se rebela ante aquella institución que representa dicho maltrato y despojo para instaurar un sistema nuevo donde la soberanía resida en la representación de los intereses de la mayoría mediante la república. El levantamiento armado en la película fracasa, pero Valjean tiene un final feliz, quizás una forma de anunciar el futuro victorioso de la revolución que erradicó la monarquía absolutista.

Al final, lo importante de la historia es el reclamo de justicia social en cada paso de la vida del protagonista. La dignidad, la libertad y la igualdad son derechos naturales inseparables que deben ser garantizados antes de hacer cumplir la ley, para que esta sea justa. No son “miserables” quienes viven en la miseria, lo son aquellos que la provocan.

Por: María Laura Garriga Vargas

Referencias

Rosemont, N. (productor) y Glenn, J. (director). 1978. Los miserables [Cinta cinematográfica]. Reino Unido: Norman Rosemont Productions / Incorporated Television Company (ITC).

Rousseau, J.J. (1968), Contrato Social, Madrid, Espasa-Calpe.

Publicado por Clase de Historia de la Comunicación II

Este proyecto universitario lo integran cuatro estudiantes de comunicación social: María Laura Garriga Vargas (coordinadora), Evelyn Scarlet Ortiz Cáceres, Danelia Paola Delgado Díaz, Cailin Patricia Tapia Reyes.

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